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A lo largo de nuestras vidas, nos enfrentamos a constantes oportunidades de conocimiento y aprendizaje.
Aprendemos a gatear y a caminar de la mano de nuestros padres, a hablar cuando apenas nos paramos, a sumar y restar en la primaria, y así todos los días aprendemos algo de nuestros padres, maestros, hermanos y amigos.
Aprendemos a querer a quienes nos rodean y a amar a nuestra pareja, pero nada, realmente nada, puede compararse al maravilloso aprendizaje de ser padres de nuestros propios hijos.
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La paternidad es una extraordinaria oportunidad de formar seres humanos productivos, de hacerlos madurar con nuestros buenos ejemplos intentando cada vez la más difícil tarea de hacerlos independientes y únicos.
El ser padres representa una enorme responsabilidad que conlleva a buscar diariamente la respuesta a preguntas como: ¿Cómo protegerlos sin hacerlos dependientes? ¿Cómo consentirlos sin echarlos a perder? ¿Cómo reprenderlos sin alejarlos de nosotros? ¿Cómo amarlos y saber dejarlos ir en su momento?
En fin, la paternidad es la oportunidad más hermosa que el ser humano tiene para poder dejar huella de su paso por la vida, y como no existe una escuela, instituto o universidad de padres, el aprender esta difícil profesión es un ejercicio diario que debe llenarse de ejemplos y experiencias tanto propias como ajenas.
Una vez más, Roger Patrón Luján nos ofrece una maravillosa colección de pensamientos que nos ayudan a reflexionar sobre los muy diversos momentos que hemos de enfrentar en la diaria batalla por ser mejores padres.
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